sábado, 8 de diciembre de 2012

Primer capítulo

Para los que queráis leer algo más del libro antes de decidir si lo descargáis o no os dejo el primer capítulo de La Reina de Ilihen.


–CAPÍTULO 1–Diez largos años habían pasado desde la noche más negra de la vida de Arthun. La ciudad de  Threnor seguía todavía sin haber recuperado su esplendor. Muchos de sus blancos edificios eran  ahora  simples paredes negras oscurecidas por el fuego, otros edificios se derrumbaron y no pudieron ser reconstruidos… Diez años, eso era mucho tiempo, pensaba Arthun, aunque podía recordar con claridad todo lo que había ocurrido aquel día: La oscuridad, los guardias, el fuego, pero lo que no había podido sacarse de la cabeza era aquella extraña mujer…”debes sobrevivir”, esas fueron las palabras que ella dijo y todavía no había podido lograr olvidarlas.Una gran parte del cielo de Ilhien había sucumbido a la oscuridad de aquel día. El sol rara vez brillaba, tan solo alumbraba lo suficiente para tener noción del tiempo y poder distinguir el día de la noche. Estaba amaneciendo, Arthun hizo un esfuerzo para dejar su mente en blanco y levantarse y enfrentarse a otro día de su vida.Seguía durmiendo en el mismo montón de paja de cuando era solo un niño. Tenía el pelo un poco más largo y el oscuro color distintivo se le había aclarado a algo parecido al castaño. Se vistió rápidamente, colocándose unos pantalones de tela negra y los restos de una camisa blanca que le estaba un poco grande. Al ponérsela rozó una quemadura en forma de “X” que se encontraba en el lateral del cuello del chico.            –¿Madre?– susurró Arthun, inquieto.La cabaña estaba desierta. La fuerza empleada para llamar la atención de su madre no fue la suficiente pues no recibió respuesta alguna. Tras unos momentos de espera, no hizo falta repetir el llamado. Arthun escuchó ruidos fuera, en la pequeña cuadra. Abrió la puerta y vio cómo su madre cargaba con un animal que a simple vista parecía muerto.            –La cena– dijo su madre entre respiración y respiración, dejando claro que el animal pesaba y estaba cansada.            –¿Qué es eso?–            –Eso, era un gallo del bosque– contestó su madre a la defensiva. –Prepáralo, para que lo podamos comer.            –¿Prepararlo?Su madre no le dio tiempo a empezar una disputa sobre el gallo. Cogió un gran cuchillo que tenía escondido bajo la ropa y abrió al animal en canal.            –Vacíalo y desplúmalo, entonces lo podremos comer. – dijo su madre, casi gritando.Arthun cogió el animal y se lo llevó para terminar el trabajo que había empezado su madre. No le  llevaría más de una hora, su madre tardaría menos, pero a él le daba auténtica repulsión despellejar a un animal, aunque estuviese muerto.            –Hijo– empezó la madre de Arthun, esta vez con un adorable tono de voz.Arthun se giró, todavía con el animal en las manos y observó cómo el rostro de su madre había cambiado. Ahora parecía triste en lugar de furiosa.            –Compréndelo, ahora solo estamos tú y yo. Nadie más. Se dio la vuelta y se puso a hacer otras cosas.Su madre tenía razón. El padre de Arthun había muerto pocos meses atrás, le mataron unos guardias que estaban en el bosque y sin motivo alguno le atravesaron el pecho con la espada.  Desde  entonces,  su  madre  había  sucumbido  a  la  ira.  Su  condición  de marcados no les era favorable, pues por ley, no podían relacionarse con otra gente que no fuese como ellos, lo cual dejaba bastante reducida la lista, así que Arthun solía cargar con la culpa de todo lo que ocurriese. Su madre había adoptado también la figura de hombre de la casa: se dedicaba a salir a cazar para las comidas y siempre regresaba con algo, cosas que él sería incapaz de cazar, como por ejemplo ese gallo que era mucho más grande que cualquier otro gallo de Ilhien que, por alguna razón, los animales de los bosques de alrededor de Threnor crecían mucho más de lo normal, lo que quiere decir que también pesaban más de lo normal. “¿Sería él capaz de atrapar, matar y cargar a estos animales él sólo?” era una pregunta que Arthun se repetía cada vez que su madre llegaba a casa con la cena, o la comida.Aproximadamente una hora después, Arthun salió de la casa con las manos sucias de haber desplumado al pobre animal.            –¿Ya está?– preguntó su madre con algo parecido a una sonrisa en la cara.            –Sí, voy a lavarme.Cada vez que necesitaban agua debían ir al arroyo que había a pocos centenares de metros  de  casa,  un  camino  que  Arthun  conocía  de  memoria  porque  lo  recorría  a menudo, por gusto más que por necesidad. Por mucho que hubiesen cambiado las cosas en los últimos diez años, seguía encantándole el bosque y no estaba fuera de sus límites como Marcado. Podía pasear o cazar sin ningún problema desde su casa hasta la estatua en la llanura que tanto intrigó a Arthun en su niñez. No había nadie que pudiese castigarle por pasear por esa zona de bosque. Pero, si se encontraba con alguien de la ciudad, o un guardia del bosque y este le ordenaba que se apartara y regresase a su casa, no tenía otra opción. No cumplir con una orden que, aparentemente podía hacer cualquier habitante de Threnor que no estuviese marcado, era castigado con un destino similar al de su padre.El arroyo tenía poco más de un metro de ancho y apenas cubría hasta las rodillas si uno decidía meterse dentro. Alrededor había grandes árboles que dejaban pasar la cantidad exacta de luz, al menos cuando  la luz era algo abundante en esas tierras. El lugar favorito de Arthun era un pequeño árbol situado  justo en la orilla, a pocos metros de donde se encontraba en ese momento. Sabía que su madre no lo  esperaba hasta más tarde, un viaje al arroyo se traducía casi siempre en un viaje largo. Llegó al árbol que tanto le gustaba, acercó las manos al agua y se las limpió con determinación, no podía soportar  el   olor  que  se  quedaba  en  ellas  después  de  despellejar  un  animal,  o desplumarlo.Se quedó sentado al pie del árbol. Unos finos rayos de sol se proyectaban a través de las ramas. El sonido del viento era de lo más relajante, hacía que las hojas se moviesen a la velocidad justa para crear un sondo casi armónico que podría relajar hasta a la mente más perturbada del mundo. Arthun cerró los ojos, concentrándose en no pensar en nada y se durmió.            Debes sobrevivir.Arthun abrió los ojos de golpe, despertándose sobresaltado. ¿No podría volver a dormir jamás sin escuchar esas mismas palabras una y otra vez? Se despertó furioso, odiaba esa sensación de no comprender lo que ocurría.             –¿Chico? ¿Estás bien?– dijo una voz que Arthun pudo reconocerEl chico se dio la vuelta y un hombre se hallaba de pie detrás de él observándole con cara de preocupación.            –¿Estás bien?– repitióArthun se levantó rápidamente del suelo.            –Sí, lo siento– se disculpó rápidamente.            –¿Que lo sientes?– preguntó – ¿Qué es lo que sientes?            –¿No  estoy  molestándole?  –preguntó  Arthun,  como  si  no  entendiera  la situación.            –¡Por supuesto que no!– Arthun suspiró
            –Nosotros estamos acostumbrados a molestar– dijo el chicho encogido de hombros.            –¿Nosotros?–Arthun no contestó, con un sencillo movimiento de mano retiró el cuello de la camisa y mostró la quemadura en forma de “X” que tenía en la base.            –Ah,  ya  veo…–  empezó  el  hombre frunciendo  el  ceño.  Con  un  pequeño chasquido de  lengua volvió a dirigirse a él –Tranquilo, no me molestas. Jamás  he  apoyado  esa  ley  de  “los  marcados”,  considero  que  es  algo inhumano y altamente humillante. Puedes seguir sentado si quieres, pero te lo advierto– esta vez se dirigió a él en un tono realmente terrorífico– Estás sentado junto a mi árbol favorito.El hombre rompió a reír a los pocos segundos, pero Arthun permaneció callado hasta que se convenció a sí mismo de que el hombre estaba bromeando. Ambos compartieron el árbol. No hablaron demasiado, el hombre se limitaba a mirar cómo el agua corría por el arroyo y Arthun miraba al cielo.            –Me resultas familiar– dijo el hombre al rato, sin tan siquiera mirar a Arthun.            –¿Te conozco?Arthun esperó unos instantes a contestar, sabía perfectamente quién era ese hombre.            –Era uno de los niños que debían haber participado en la ceremonia hace di...            –Ya veo– dijo el hombre cortante            –Soy Arthun– se presentó formalmente.            –Briz, encantado– dijo extendiéndole la mano.Dudó unos instantes, ¿Podía coger la mano de un “no marcado”? Le dio igual, le pareció mejor ser educado que ser correcto.            –¿Qué ocurrió?– empezó de nuevo Arthun.            –¿Disculpa?– Contesto Briz que aparentemente no estaba escuchando.            –Ese día, la oscuridad, el fuego, todo… ¿Qué ocurrió?            –Verás…nadie sabe qué pasó realmente, la gente ha difundido rumores por aquí y por allá…lo que sí que sabemos es que el Rey fue asesinado ese día y nuestro mundo respondió ante ello, resquebrajándose. –Briz hizo una pausa y arrojó una pequeña piedra al arrollo. –Algunos dicen que fueron los guardias que se revelaron. En Threnor el rumor persistente  es que fue el señor del viento quien lo hizo, otros tienen otras teorías.            –¿El señor del viento? –preguntó Arthun inquieto            –La mitología de este mundo es mucho más que un mito, la mayoría de leyendas que  hayas oído sobre Ilhien no son leyendas, son historias reales que han trascendido hasta ahora…Arthun no estaba convencido de que eso contestase a su pregunta, pero aún y así se dio por satisfecho.  Ambos permanecieron en silencio durante un rato, luego Arthun se levantó de golpe.            –Debo irme, se hace tarde. Estaba anocheciendo.            –¿Puedes llegar sólo a casa? – preguntó Briz mientras se levantaba, colocando una mano en el suelo para darse impulso. –No deberías viajar de noche por estos bosques.            –Llegaré  antes  que  anochezca–  dijo  el  chico  con  un  cierto  tono  de superioridad.            –Está bien– dijo Briz, despidiéndose.Briz dio media vuelta, haciendo ondear el pequeño abrigo que llevaba y se dirigió de nuevo a la ciudad siguiendo el arroyo. Antes de desaparecer del todo se dio la vuelta y con un magistral movimiento alzó su mano y se despidió de Arthun amistosamente. Por su parte, Arthun dio media vuelta y tomó el camino que le llevaría directo a casa.            –Cuidado con la oscuridad…– susurró Arthun, casi irónicamente. Tras  diez  años  explorando  el  mismo  trozo  de  bosque  una  y  otra  vez  estaba prácticamente convencido de que por muy oscura que fuese la noche, lograría llegar a su casa sin ningún tipo de problema.  











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