viernes, 28 de diciembre de 2012

Ahora que el contrato con Amazon se ha restaruado no puedo colgar partes enteras del libro, pero puesto que he publicado aqui el prologo y el primer capitulo he pensado que podría dejar también el incio del segundo capitulo, por si alguien tiene interes en saber algo más antes de decidir si lo descarga o no.


–CAPÍTULO 2–



Arthun llegó a casa y su madre estaba cocinando el gallo en un caldero prácticamente destrozado que aparentemente no podía servir para mucho más que ocupar sitio y hacer ruido. Había encendido un fuego en lo que un día fue una pequeña cuadra, como hacía todas  las  noches.  Estaba  sentada  junto   a   la  hoguera  contemplando  la  entrada, observando cómo Arthun salía de los matorrales que  separaban el camino de tierra aparecido por el paso del tiempo y el frondoso bosque.
La madre de Arthun había envejecido mucho en los últimos diez años. Su pelo largo y oscuro se había convertido en una melena grisácea poco cuidada y sucia que se movía al ritmo de la cabeza. La cara se le había llenado de arrugas que mostraban el paso del tiempo. Bajo los ojos, las constantes ojeras que permanecían allí desde la muerte de su esposo le arrebataban cualquier señal de juventud. Tenía el rostro cansado de ocuparse prácticamente de todas las tareas necesarias para subsistir: conseguir comida o tratar de ganar algo de dinero haciendo algún trabajo mal pagado que quedaba reservado para los de su clase. No dejaba que Arthun la ayudara en esas tareas, no porque no creyese que no era capaz, pero no quería que esa fuera la vida para su hijo. Aunque también fuese un marcado como ella y como su padre, seguía teniendo esperanza.
Arthun se sentó al lado de su madre y contempló cómo la cena se cocía lentamente. El sonido del carraspeo del fuego le parecía tan relajante como la brisa moviendo las hojas de los árboles del lado del  arroyo, lo que le hizo recordar a Briz, que era la primera persona en diez años que se dirigía a él como si fuera una persona normal y no para gritarle o humillarle. Pensó que merecería la pena  compartir la experiencia con su
madre.

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